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Espiar

las montañas no explotan los mares no duermen las abejas a veces se sienten pan los ojos no mienten la boca no para la carne los viernes juega a ganar un cuerpo no es todos la noche no es agua las manos las piernas pueden explotar la luna es la luna aquí y en Roma tu luna es tu luna que explota que duerme que usa los viernes para espiar

Lo que no ves

Una venda en los ojos es como una soga en las piernas. Mientras la tengo puesta camino en dirección opuesta al tiempo. Vuelvo atrás en zigzag, esquivo recuerdos. Retro memoria. Mis recuerdos están terriblemente ordenados. Da pavor pensar que puedo administrar de manera certera tanta información. Ahí estoy de niño, de adulto y de mala y buena gana, con queridas y ocultadas, con presentables y expulsables. En esa medusa de la memoria este sector inflamado de dolor corresponde al accidente. Aún duele, aún sangra.  No hay posibilidad de recordar lo emocional. De traerlo como fresco. Al menos no para mí. Es inamovible en el tiempo.  Nunca pude repetir en mi corazón, en la piel, en el espesor de la saliva, esa pasión de los primeros años. Nada se apagó, pero las mutaciones son en cierta forma amputaciones. No tengo recuerdo presente del dolor que sentí y porté por meses, pero si algo roza mis ojos puedo encender la reacción en cadena que me lleva al dolor nuevamente. Dolor de hoy, r...

El último sillón

  “Hay quienes se los puede definir por su capacidad de acompañar, hasta en los momentos donde se espera su huída”. Bitter Luna, 1943 Él nacía en sus comienzos. Cosa que puede sonar obvia, pero no se nace siempre de la misma manera. Ni se llega a la vida por el mismo lugar, ni tampoco se la despide con prólogos. Las cosas en su lugar. Pié forrado en cuero. Una base fuerte, determinada, madera para soportar la humanidad del señor que se desploma encima sin vergüenzas ni esperas. Y cuidado que hasta ahí hay sólo veinte centímetros. Menos de la mitad de la mitad de todo su cuerpo. La historia sigue hacia arriba. Ni qué hablar del algarrobo, ni de su semilla, ni del terremoto que derrumbó la casa donde a la postre creció el noble árbol. Ni de Don Américo, el dueño de aquella casita. Sólo de la casa, porque el terreno no era de Don Américo. Aunque él nunca se dio por enterado. Claro que las verdades son tan propias y sustantivas como el dolor. Y también como el dolor, la verdad es intr...

Ñuelopa

hueco / en todo lo que te nombra nombre / que se ahueca por los miedos cielo que baja y va en ronda / ronda donde  arden los ciegos /  y el desvelo / hueco / el perdón no tiene piso tiene un huir de terciopelo / suave / en el hueco hay una alfombra sangra / una letra y un pañuelo

Credo (preliminar e incompleto)

Creo en la espontaneidad de las mañanas y en los que suben al colectivo peinados con sonrisas  o munidos de ampulosas tristezas que hasta escupen fragmentos de nocturnos o  valses  o tangos. Creo que la tristeza merece su justo lugar. Nada de no debo llorar. Échese un buen llanto péguese un buen encerrón disfrute de su inhumanidad su falta de apetito y su incapacidad de conectarse con algún recuerdo útil por algunos días. La felicidad es igual de pasajera y nadie le pide carné de entrada.  Creo en aquellos que se presentan  diciendo: "no tengas demasiadas expectativas estoy intentando librarme de mí mismo con absoluto fracaso." Creo que nunca o muy poco suelo estar donde me buscan ni responder de acuerdo a las expectativas ni oler perfume donde debería  mucho menos agacharme  a recoger lo que se les cae a las señoras de sombrero y carteras y vestidos con flores grandes. Y no pienses que es involuntario o que la culpa es de otro o que no inicié el...

En Mil

que te partas en mil que te rompas en cien que te dividas en diez que te abras en dos que te perdones en una que te quedes en vos que no sea yo quien te haga  cero

Salir a jugar

Hay una mañana invariable, dormida rosa y naranja hay un sabor a vos  en mis pies que es el sabor del camino del humo del cigarro de la noche de otoño cálida y solitaria hay un perro que ladra lejos, escapando de nosotros con un vino en la boca y un destino de espinas hay un par de pibes que lloran desgarrándose quitándose las ropas hay dos policías que se besan  mordiéndose los labios bajo el fuego de los inocentes hay un camino bajo el agua hirviendo sirviéndose de las nueces de las mañanas de las flores no entregadas hay una mesa que ríe  insoportablemente  al frente del escenario que no pudimos soportar hay mucha música que nos pertenece que nos pare que nos enjuga y hoy canta a los gritos en silencio con sangre en los labios hay una Andalucía que nos tuvo y un mediterráneo que nos hizo el amor ciego, borracho, ajeno a nuestro regreso hay suelos que sueñan suelos hay sueños que suelan sueños hay reproches, remaches y remansos hay carnes al fuego con sábados en la...