Cuando se caen a pedazos las paredes, en el tránsito al piso de sus escombros hay algunas flores / de colores que en el aire explotan en semillas / se montan en abejas y lamen los pies del miedo Cuando se caen a pedazos las paredes, de esos mismos escombros / volando, brota agua entre sus moléculas de uranio y se encauza en un río de gritos desesperados / desahuciados, entusiasmados también, calientes también, y paren un ternero tierno y malvado / que espera vernos llorando porque no nos vemos Cuando se caen a pedazos las paredes levanta la mano un calendario de metal y reclama / frenético el tiempo de él / no el de nosotros, su tiempo de vida / no el de nosotros, y yo lo corro con una rama de eucalipto porque eso tengo en el jardín donde estuviste la última vez conmigo, bebiendo té / nos se asusta / me enfrenta: “¿pero qué te metes donde el tiempo no existe?” calendario cagón, que acá estamos los que disolvemos la cronología / a chutazos, a patadas, a letras malparidas y largas espe...
No me dejes cruzar esa línea que arde, que corta la carne / No me dejes entrar al hábitat de tus miedos, a la siesta tranquila de tus diablos / No me hagas saber cómo se llama tu mañana temprana, a qué sabe tu primer aliento / No me invites a poblar tu vientre con mis hechizos, tus manos con mis anhelos / No me quieras mostrar el dorso de tus deseos, la espalda de tus domingos tristes / No me importa conocer tus fotos con mis fantasmas, tus fantasmas con mi piel / No insistas en durar cuando me enseñas que el amor así no dura, que todos somos compost de la rutina, que el aburrimiento es el destino final de toda dupla, sin considerar que cuando uno se da en la frente con otro y no pueden desenterrarse de la cama que los atrapa como animales y no entienden de razones, de futuros, de temores, quizás —y sólo depende de esos animales— definitivamente se han encontrado.