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El que se come a los cobardes

Y esa tarde, creeme amigo, sin saberlo juntábamos litros, toneladas, de combustible incendiario, llenábamos cunetas con una tibia -apenas- esperanza de payasos fronterizos de tímidos pajueranos siesteros confesos rebeldes de jarilla y pérgolas de abuelas novias eternas de su Italia de su Italiano y de los barcos. Aquella tarde fue una chispa una patada un manotón de ahogo gritando instrucciones para poner la basura en la puerta muerta la puerta de muerte natural -en el oeste todas las muertes son naturales- y besar las ansias darle cable al amor al dolor al perfume a otoño y epílogo de vendimia. Es que los abrazos son pocos y los pocos son menos y los menos son estos los nuestros los de la esquina los de los cuentos del parque esos de ojos de guitarras con nylon y faros en las manos. Los sueños -un día- vinieron a clavar bandera y nos dieron en la ingle en el pecho donde el techo armaron y al oído con la lengua afuera nos soplaron: "Apuren. Parece que no, pero ahí anda el choc...

Espejos, reflejos y padres

Espejos, reflejos y padres Ejemplos y espejos. Unos inspiran y los otros reflejan. Unos mueven a imaginar y otros a cuestionar. Unos hablan desde un ideal y los otros desde la realidad. Ejemplos y espejos. Nuestros padres cuando somos niños y ellos mismos cuando somos adultos. Quizás por esto somos más comprensivos, calmos y complacientes con ellos cuando crecemos, ya que ahí nos vemos, nos guste mucho o nos guste nada. Espejos y ejemplos. El vecino y el póster. Uno mismo y el deseo. Nosotros y nuestro padre. Por el contrario, como padre sólo te queda una opción: tus hijos serán siempre tu reflejo. Serás  el espejo de su madurez. Creo, esperanzado, de que existe una entidad, superior, superadora, conformada por el ente y su reflejo: hijo y padre como un ser único, que se construye mutuamente.  Padre e hijo, como una única semilla.  Padre e hijo, pequeño colectivo vital.

Luna

Luna entre las vértebras de los días/ Luna del viernes bajo las dunas, dormida/  Luna en los puños de mañana redonda aceituna/ Luna palabras con dientes párpados con uñas/ Luna caricias en el lomo sol con harina/ Luna ninguna sabe mejor a presagio a ventura/ Luna valiente-Luna menuda de espaldas al sol corres desnuda.

Las ruedas y las flores

Los cordones y las ruedas el ojal en la pelea el tibio sauce que gotea ilusiones entre cuentos/ las manos del adiós despedazando los encuentros y las flores (*) al costado sin los ojos de silbar/ ya no quiero esa mentira descremada y pan tostado ya no quiero el dibujo dorado, dorado de "me quedo" que no es cierto/ no te quedas ni me marcho ni me salen  las canciones las palabras se disfrazan de guerrillas impotentes a nadie hieren a nadie mienten ya no tienen la razón. (*) En la esquina nacen flores las paredes y los soles se entreveran con las manos que se hunden dedos largos en las piernas del dolor.

Grito

Grito a los gritos con las venas enredadas Grito y descubro el polvo en las manos gastadas Grito sin periscopios ni mirillas grito sin comillas Grito y me deshago entre vocales tónicas grito como una bomba atómica Grito de impotencia por abandono grito enrojecido grito con encono Grito y estoy solo como ave santa como encantamiento como madre sola grito y reviento Grito y no me explico cómo grito y me mantuve sobrio adulto de corbata de las manos a las patas grito y no me achico no me escondo grito fuerte y respondo grite bien o grite mal grito hasta llegar al final.  

Un vampiro diminuto

Un vampiro pequeño, gris casi de bolsillo, le rezaba a la dama al oído, vehemente,  un secreto muy urgente: "un día, voy a tener tamaño para morderte". Displicente, la acompañada,  mirándolo de coté sentenció un muy seco: "Buscate de tu tamaño,  tu perfume o tu morada". Lo sacudió de una caricia y se alejó  la dama grande, taco y punta, sin vaivenes, ni vapores, ni dar la vuelta, emocionada. El diminuto hematófago recostado en una rama, la mantuvo entre sus ojos hasta que la distancia y los pasos, de la dama, hicieron magia. "Ahora eres de mi tamaño", dijo mientras afilaba el diente y mordía  su propio brazo, mirando fijo y a lo lejos su deseado expediente. No es fácil morder gigantes ni contener el ansia si no guardas con paciencia la prudente distancia.

Instrucciones para comenzar algo

Comenzar algo es nacer voluntariamente en un mínimo espacio impredecible, caótico rodeado de agoreros, magos de segunda, cabros mal acomodados aprendices de enfermeros, aves con panza de arena montañas de residuos nucleares y lluvias de mercurio pronosticadas paisajes con fotos sepia de los que debiesen estar pilas de fotos a color de los que quieren estar y un par de bolsillos con las monedas mendigadas a los que finalmente se suben Comenzar algo es evolucionar con apenas el intento patear los techos, empujar los bordes baldear la conciencia con cianuro, morderle el repulgue a la rutina hacer una fogata con los lápices impostores que escriben en los diarios empujarle un dedo en el ojo a la bondad automática y el buen gusto de etiqueta subir a un colectivo por la puerta trasera y encontrarse un puñado de buenos amigos que serán compañeros si se cocinan en el caldo común que cada uno destila Comenzar algo es no saber cómo terminar si el cielo es destino sólo de santos  o ángele...