Un vampiro
mirándolo de coté
pequeño, gris
casi de bolsillo,
le rezaba a la dama
al oído, vehemente,
un secreto muy urgente:
"un día, voy a tener tamaño para morderte".
Displicente,
la acompañada, mirándolo de coté
sentenció un muy seco:
"Buscate de tu tamaño,
tu perfume o tu morada".
Lo sacudió de una caricia
y se alejó
la dama grande,
taco y punta,
sin vaivenes,
ni vapores,
ni dar la vuelta,
emocionada.
El diminuto
hematófago
recostado
en una rama,
la mantuvo entre
sus ojos
hasta que la distancia
y los pasos,
de la dama,
hicieron magia.
"Ahora eres de mi tamaño",
dijo mientras
afilaba el diente
y mordía
su propio brazo,
mirando fijo
y a lo lejos
su deseado expediente.
No es fácil
morder gigantes
ni contener el ansia
si no guardas
con paciencia
la prudente distancia.