Ir al contenido principal

Entradas

Como antes

Tenía las manos duras como piedras. Definitivamente no podía moverlas. Le ocurría de manera sistemática minutos después de dormirse. O de creerse dormido. Se volvían tan duras sus manos que la impotencia le provocaba espasmos, incontrolables saltos en la cama. Su sueño era pesado, confuso, pero aún así le ocurría. Poco podía entender acerca de esa parálisis. Sin embargo, aún a pesar de casi no detectarlas, dibujaba la forma de ellas mentalmente, en el aire semioscuro. Detectaba en las sábanas el límite de sus dedos. Inclusive podía olerlos sin acercarlos a su cara. Sus dedos eran como cuentos viejos, pesadas ramas de algarrobo, formaciones de coral, montones de basura seca, coágulos ajenos. Todo eso a la vez y por separado. Ese olor visitante que lo invadía. Se preguntaba por qué los dedos. Por qué los dedos y no las piernas. O las nalgas o los ojos. Por qué no la frente. Pero cada noche se repetía lo mismo, los dedos. La sospecha ordinaria de que la muerte empezaba por las manos ya l...

Suicida

Es en plena noche donde las suelas de los zapatos corren a buscar refugio algo de tierra fresca para raspar lo que acarrean / a veces / restos de los caminos de plena mañana tan sosa y fértil insectos de la siesta y algún violento encerrón  de la tarde / Es en plena noche donde alguno de esos zapatos, apenas extraviado se guarda en un bar y pisa corchos / tres o cuatro / pierde la lengua y dice amor más de lo previsto por el manual del zapatero y las buenas costumbres de las suelas más afectas al mármol de los futuros correctos / Zapato suicida, mezclar cuero con amor /

El verso de la búsqueda

Buscaba en el gramaje de la tela / inclusive buscaba desde arriba en el paño / buscaba aún en las porciones y los restos / buscaba en los pinchos y las flores de los pinchos / buscaba entre las orillas o si prefieren / por exactos en relojes / submarinos / tigres de bengala en el percutor de un revólver (no de todos) / buscaba con frenesí / inquieto / tembloroso / irritado / buscaba en los escapes / entre libros de historia / buscaba buscaba en invierno / en el agua en verano / en Citizen Kane en los Cuentos Fatales de Lugones / buscaba adosado como rémora al vientre / como sal en el norte / buscaba a alguien que me ayudase con certero destino / buscaba de alguna manera liquidar / a quienes dicen que buscar es el real camino //

Retén

En general (los jueves de madrugada) No puedo recordar Dónde comienzas Y dónde concluyes / Dónde te enervas entre mis cueros e invades para fundar montes y cielos / Sí puedo, en cambio, retener En el fondo de estos sentidos Ajados y tendidos, callosos y ansiosos, Iluminados, escudados, desnudos, Húmedos, olvidados, hacinados, Tus embates Tu vapor Tus revueltas Tus batallas Tu quedarte Confundida Silenciosa Por mi escape / Que no tiene Otro horizonte Más lejano Que tu Próxima vez./

Animal de verdad

Armar animales comenzando desde los dedos de las patas hasta el líquido viscoso de su boca o el relleno mullido de su sexo / Armar sus colmillos de uno en uno con inclusive restos de otros animales previamente licitados / Inflar los globos de su saliva y la contundencia de sus codos con sus protuberancias ralas de destino apretado / Armar animales besando miles de bocas animales armarse desde los labios de terceros / fugitivos animales armados / Armar animales mientras se templa el caldo del valor necesario para ser un animal de verdad /

Ser siempre

A veces, cada tanto sería conveniente visitar nuestros planos desde lugares insospechados / Los dinteles desde los fondos las camas desde los techos los espacios desde los plenos / A veces, cada tanto sería conveniente ser inesperado inconexo impredecible aguafiestas contraestándar / A veces, cada tanto sería deseable ser siempre.

El cortito

Sin sincronismo. Un día, no tanto tiempo atrás, la comunicación entre los humanos se tornó asincrónica. El mecanismo era simple: suelto las palabras, las percibes. Las procesas, mides el impulso de la respuesta. Coordinas el sentimiento. Fríes los golpes en tu aceite, hundes los dulces en el agua tibia del recuerdo corto. No hay entonces un pre-acuerdo de entendernos. Alguien, nosotros, muchos, decidimos que comunicarse era soltar palabras y dejarlas caer en la almohada de la respuesta ocasional y operada. Hubo, en épocas no tan atrás en el tiempo, ámbitos donde esto era maravilloso: el intercambio epistolar de generosas cartas de amor. Largas radiografías escritas en negro sobre blanco, descarnadas, sudorosas, que hablaban de amores tormentosos, ahogados, henchidos, vegetales, sanguíneos, tractores, heridos, eternos, minúsculos, nublados, intensos, húmedos, humorosos, necesarios, abiertos, ahorcados, viajeros, viajantes, viejos, ventosos. Jugaban estas cartas con el ansia de plazos ...