No me dejes cruzar
esa línea que arde,
que corta la carne /
No me dejes entrar
al hábitat de tus miedos,
a la siesta tranquila de tus diablos /
No me hagas saber
cómo se llama tu mañana temprana,
a qué sabe tu primer aliento /
No me invites a poblar
tu vientre con mis hechizos,
tus manos con mis anhelos /
No me quieras mostrar
el dorso de tus deseos,
la espalda de tus domingos tristes /
No me importa conocer
tus fotos con mis fantasmas,
tus fantasmas con mi piel /
No insistas en durar
cuando me enseñas
que el amor así no dura,
que todos somos compost de la rutina,
que el aburrimiento es el destino final de toda dupla,
sin considerar
que cuando uno se da en la frente con otro
y no pueden desenterrarse de la cama
que los atrapa como animales
y no entienden de razones,
de futuros,
de temores,
quizás —y sólo depende de esos animales—
definitivamente
se han encontrado.
esa línea que arde,
que corta la carne /
No me dejes entrar
al hábitat de tus miedos,
a la siesta tranquila de tus diablos /
No me hagas saber
cómo se llama tu mañana temprana,
a qué sabe tu primer aliento /
No me invites a poblar
tu vientre con mis hechizos,
tus manos con mis anhelos /
No me quieras mostrar
el dorso de tus deseos,
la espalda de tus domingos tristes /
No me importa conocer
tus fotos con mis fantasmas,
tus fantasmas con mi piel /
No insistas en durar
cuando me enseñas
que el amor así no dura,
que todos somos compost de la rutina,
que el aburrimiento es el destino final de toda dupla,
sin considerar
que cuando uno se da en la frente con otro
y no pueden desenterrarse de la cama
que los atrapa como animales
y no entienden de razones,
de futuros,
de temores,
quizás —y sólo depende de esos animales—
definitivamente
se han encontrado.