Ir al contenido principal

Vinomancia (1 de 3) - Proceso de Inducción

Para degustar vino no hay condiciones, ni castas, ni temperaturas basales. De hecho, ni siquiera es necesario ser humano. 
Pero, y siempre los hay, se requiere un proceso. Esta es la primera parte del proceso de Vinomancia: La inducción.
0 - Seleccionar a los probadores con el mismo criterio con el que uno elegiría con quien salir a caminar por la costa del río un jueves a la tarde.
1 - Realizar el test de aptitud para ver fantasmas y espíritus: es individual, autodidacta y solitario.
2 - Encargar a un tercero -no asistente- la adquisición de los líquidos de las vides. Los mismos deben ser de tres cepas distintas y con etiqueta tapada de manera de hacer indescubrible su identidad de manera anticipada.
3 - Los participantes serán citados con corta anticipación como para evitar que alguno de ellos muera en la víspera, aunque suficiente para ser reemplazado por un homónimo de análogo color de cabello. Esto es indispensable.
4 - El lugar de la cita debe ser, en lo posible, a cielo abierto, con vegetación y a distancia prudente de un hotel transnacional que disponga desechos en la vereda de las proximidades. Debe evitarse seleccionar una mina a cielo abierto, o al menos que el lugar preciso del proceso sea dentro de la superficie a explotar, en ese momento.
5 - Los asistentes deben llegar al lugar 1 hora antes del inicio de la circulación del líquido glorificador.
6 - Durante la víspera, y al compartir conversaciones previas al rito, debe evitarse de todas formas hablar de los siguientes temas: mujeres rubias, alfajores, el pasado en general, Eros Ramazzoti y eau de cologne.
7 - Si se realizasen fotos del momento, deben ser antes de medianoche, de espaldas o de las manos de los probadores. Nunca de los rostros hasta pasadas las 0 hs.
8 - La luz debe ser tenue y líquida. No debe despedir perfumes, ni despedir a los asistentes.


Entradas más populares de este blog

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

El beso que duró dos días

Nota : Esta es una historia que nace en la Calle Billinghurst. 1er Acto: El teatro Fui al teatro de puro compromiso. Odio sacar entradas y luego no ir. No podía tirar la plata y además me sentía casi bien. Entré a cinco minutos de que empiece la función, fui a la fila 19 y ella se sentó al lado mío. Esas pestañas, esas manos, ese cuerpo. Atenta a todo. A todos. Me desafía la deconstrucción pero hay tetas que se sobreponen a eso. En ese momento recuerdo que no voy al baño desde antes de salir de la casa. Como siempre, me meo. Pero decido no ir, ya habrá tiempo. - Hola, ¿este programa es tuyo? - Le dije mientras levantaba el papel del piso donde figuraba mal impreso el elenco y el resto de la información. - Si, ¡gracias! Lo perdí... -Vi que se te cayó, por eso... - ¿Debería darte propina? - Soltó una sonrisa que me pegó una trompada de felicidad. Pero no supe ni siquiera cómo sonreír. Hace tiempo no sé ni por dónde empezar. El viejo modo de hablar con una mujer no me sale, el nuevo no lo...

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...