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La banda sonora de las cero horas

Apenas las once y cincuenta y nueve de la noche en el departamento de Avenida Santa Fe. Humedad como para pegar las hojas de un libro sin mucho esfuerzo. Las manos nunca se sienten secas. Cero horas. Los sonidos de la noche empiezan a reverberar como en un sótano. Una gota tras otra gota tras otra gota así, en serie, sobre la chapa del aire acondicionado en la ventana de mi habitación.

Las manos sobre los tambores de una comparsa que despide el carnaval. Frenéticos con la despedida. Imagino el vapor de las bocas y la transpiración sobre los parches. Con aliento a tres días de carnaval, se oye a las gargantas de la murga raspando sus últimas cuerdas.
La intermitencia del motor de la heladera. Metrónomo antibacterial.
Un chispazo del encendido eléctrico de la cocina que falla hace días y que declaró su independencia. Sigo pensando que algún espectro intenta encenderla para que todo explote.
Otra gota sobre la chapa del aire y Avenida Santa Fe en la noche. Con su ruido de panza de colectivos y algunos autos de pié pesado. Y el pié pesado del colectivero y el chirrido de esos frenos que algunas manos no acomodaron bien.
El ruido blanco de lo nocturno. El ruido blanco de lo oscuro.
Mi pierna empujando una silla que frota el piso de madera. Unas sirenas botonas mezcladas con unas sirenas que curan. Un televisor del quinto piso con un discurso de película vieja que les entra por un oido y les revienta por el patio interno.
Ahora mi panza. Ahora el aire que entra por mi boca. Ahora el teclado y las uñas. Ahora otra gota. Ahora me rasco la cara y algo murmulla. Y murmulla la heladera. Y otro chispazo. Y mi murmullo cuando escribo. Ahora mis piernas taconeando en medias como ansioso. Ahora hago silencio. Excepto todo lo anterior.

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Nota : Esta es una historia que nace en la Calle Billinghurst. 1er Acto: El teatro Fui al teatro de puro compromiso. Odio sacar entradas y luego no ir. No podía tirar la plata y además me sentía casi bien. Entré a cinco minutos de que empiece la función, fui a la fila 19 y ella se sentó al lado mío. Esas pestañas, esas manos, ese cuerpo. Atenta a todo. A todos. Me desafía la deconstrucción pero hay tetas que se sobreponen a eso. En ese momento recuerdo que no voy al baño desde antes de salir de la casa. Como siempre, me meo. Pero decido no ir, ya habrá tiempo. - Hola, ¿este programa es tuyo? - Le dije mientras levantaba el papel del piso donde figuraba mal impreso el elenco y el resto de la información. - Si, ¡gracias! Lo perdí... -Vi que se te cayó, por eso... - ¿Debería darte propina? - Soltó una sonrisa que me pegó una trompada de felicidad. Pero no supe ni siquiera cómo sonreír. Hace tiempo no sé ni por dónde empezar. El viejo modo de hablar con una mujer no me sale, el nuevo no lo...

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

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