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Lavanda y menta y combustible

Y todos van paso tras paso. No saben claramente el hacia, el cómo. Imaginan tras el vidrio el perfume de este  mediodía. Mediodía que revienta en aromas a lavanda y  menta y combustible. Granos de café se desperezan tras el  vidrio. Escarabajos de madera curvas con humo de viejos incendios. Crema para manos, crema para el cielo, crema para partir sin dolor. Nada cambia si todo cambia. Nada vale si tus ojos no me alcanzan. Desviajes antojadizos me abrazan de a ratos, y no puedo quitármelos de encima, sin el grillo nochero de tu llamado, durmiendo en mi estación.

Gran día

Gran día para ver crecer las palmas, llorar formaciones sólidas a la vera del camino encontrado, resembrar las mortecinas violetas, cantar a voz plena este nudo de piel que me fía boleto al orgasmo, bucearte en las fronteras y entumecerme de fiaca en los intersticios de tu rolliza comprensión, cambiar la corbata por la gala de tu pupila enardecida, orar por que cada semana sea menos santa, invitar a vivir a aquellos que han resecado sus encías de tanto explicar, que una mujer te protege sea cual fuere el tamaño de la desesperanza, y la circunferencia anular del corazón.

El Maldito Pronóstico

Transcurro entre rayos de extrema ausencia escupidos por la lengua seca de nadie en ella porosa de vacío polvorienta de no recibirte / Siento que la tormenta de nuestro amor aquel diluvio frenético apasionado duerme la siesta preanunciada por el maldito pronóstico del paso del tiempo /

De pan y arroz y caminemos

Es que las tardes son tan de todos / Y aquellas mañanas eran tan de circo / de pan y arroz y caminemos / Aquellos escuetos espacios austeros / de tan poco mullido y tanto de cielo / Estos caminos de hoy no me acuerdo y de mañana te tengo / sin invitarte sólo trayendo una hoja que tiene / la forma de tus ojos claros y sinceros de buena gente / de buen deseo de mar abierto / de poco a poco verte de nuevo.

Marcelo se secó

El estornudo salió desde las entrañas. Sintió que subía prácticamente desde los talones, arrastrando lo que encontraba en su interior. An inner tsunami . Unas milésimas de segundo antes de lanzarlo, recordó que la gripe A había encendido los miedos mas atávicos de la gente. Pero era tarde, ya le estaba rasguñando la garganta. Y apenas pudo abrir la boca como tiburón ahogado con un huesito. - ¿Que miran? Azorados todos, alrededor de Marcelo habían formado un vacío, una burbuja, un campo de protección. Algunos hasta se habían agachado y esperaban agazapados otro bombazo. - ¡No es nada! ¡No tengo nada! Estaban frizados. Si bien se podían percibir algunos pestañeos, la respiración era casi indetectable. Nadie se animaba a dar un paso adelante. O atrás. A los costados no podían por que estaban amasijados unos contra otros. - ¡En serio! ¡No jodan! Es algo normal que me suele pasar, no... - temblaban los labios de Marcelo - no es de todos los días pero hay períodos en el año en que... - Calla...

Claro, las cosas han cambiado

Era obvio. Horacio podría suponer alguna derivación adicional del análisis temprano de Laura en el momento en que ella lo viera. Podría, quizás, presuponer que ella lo confundiría con Carlos, algunos los habían confundido más de una vez. Otrora y ahora. Pero, lo obvio era que pasaría eso. La fibra íntima de ella cedería ante el aroma del recuerdo. La entrepierna tiene su propia memoria. Su inserto pen drive sensorial.  Veinte años. Veintiún años casi. Un ejército de pequeños había nacido y hasta se habían invitado a copular (al menos entre algunos) en esa pequeña pero terrible y no menos advertida era intermedia sin verse. También era obvio que Laura, tanto como Horacio, recordaban aquel cumpleaños de Flor. Mas que cielo con las manos, aquella noche estuvo vaporizado entre las nubes, mientras Dios (si, El Maravilloso Sr. Todolopuedo) le preparaba un martini, y el que traía las aceitunas en moto era el mismísimo Satanás.  Aquella noche, y mordiendo las tres de la mañana, Flor le había p...

Corresponden (CIA)

En el preciso instante, en que decido ser poeta, como razón, sustento y final,  decides corresponderme. Eso es lo que yo llamo, tratarme mal.