Gran día para
ver crecer las palmas,
llorar formaciones sólidas
a la vera del camino encontrado,
resembrar las mortecinas violetas,
cantar a voz plena
este nudo de piel que me fía boleto al orgasmo,
bucearte en las fronteras
y entumecerme de fiaca en los intersticios
de tu rolliza comprensión,
cambiar la corbata por la gala de tu pupila enardecida,
orar por que cada semana sea menos santa,
invitar a vivir a aquellos
que han resecado sus encías de tanto explicar,
que una mujer te protege
sea cual fuere el tamaño de la desesperanza,
y la circunferencia anular
del corazón.