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Ceguera (Uno de Ene)

Camino en dirección opuesta al tiempo, vuelvo atrás entre mis recuerdos. Están terriblemente ordenados. Da pavor pensar en que puedo administrar de manera cierta tanta información.
Ahí estoy de niño, de adulto y de mala y buena gana, de queridas y ocultadas, de presentables y expulsables.
En este sector inflamado de dolor está el accidente. Aún duele, aún sangra. 

No hay espacio para recordar lo espiritual. Es intransferible en el tiempo. 
Nunca pude repetir en mi corazón exactamente la pasión de los primeros años. Nada se apagó, pero las mutaciones son en cierta forma amputaciones.
Tampoco tengo recuerdo presente del dolor que sentí y porté por meses, pero si algo roza mis ojos puedo encender la reacción en cadena que me lleva al dolor nuevamente. Lo que definitivamente no recuerdo es el vacío inmediato que me conducía sin atajos al suicidio. Tanto como no puedo recobrar con detalles la sensación de amor que por Laura me enloquecía día y noche cuando perdí la vista. Tengo los detalles visuales de aquello. Tengo las noches en las retinas que luego durante tanto tiempo se negaran a contarme el universo. Tengo su cuerpo sudando y mis besos contenidos por sus generosos labios.

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