Ir al contenido principal

Ceguera (y Tres). Final.

Capítulo anterior: Ceguera (Dos de Ene).

El silencio de la sala es contaminante. Me llegan los pliegues del atuendo del médico ensanchándose, las coyunturas, los soplidos de un fumador.
Me cachetea el respirar intranquilo y apurado de Laura. Hace diez años que usa el mismo perfume. El perfume es ella. Es perfume. Laura es para mí todo lo que huele.

Las vendas comienzan a pesar menos. Quitarme las vendas es saltar en paracaídas desde donde no se divisa la superficie.
El pelo de la nuca recupera su espacio. Ya no hay vendas. Me quitan los algodones. Abro los ojos lento como hormiga. Salgo del útero, ya sin cordón. Una puntada de dolor agudo me recuerda que enfocar la vista es el reflejo de un músculo ahora herido.
Laura es Laura, tal como es. No como la imaginé. Me agrada. Ella sonríe. Examino la facción de su sonrisa. Me reconforta. Tomo una bocanada enorme de aire. Intento completar la escena con su olor. Intento nuevamente. Algo no anda bien. Todo huele como se ve. Todo huele a nada. Todo huele a vista. Pierdo instantáneamente el olfato. La vista ha colonizado mi cerebro. No huelo medicina, no huelo perfume, no huelo sudor. Desesperadamente tomo la venda, cierro los ojos y envuelvo mis ojos en ella. La oscuridad gana territorio lentamente. Ya no hay resquicio por donde la luz penetre. Tiemblo un instante. Me recupero. Tomo otra bocanada enorme de aire. Intento completar la escena con su olor. 
Allí está Laura. Ella es lo que huele. Ella es esto que me acostumbré a delinear sin ver. 
Que cómodo me siento nuevamente con su esencia. 
Voy a permanecer así un tiempo. 
Quizás, el resto del tiempo.

Entradas más populares de este blog

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...