Las personas son lugares.
Podemos descansar en Ellas, hacer pié, desbarrancarnos, destruirlas, dormir, ser felices.
Vivir en Ellas.
Aunque Ella, mas que un lugar es la ausencia de espacio.
En Ella no puedo quedarme.
No sé dónde encontrarla, ni cómo tomarla.
Ni siquiera imagino en qué lugar pedir señas de Ella;
un mapa, un cartel aunque desgarrado, algunas huEllas,
un trozo de blusa olvidado,
una palabra perpetua en la oquedad del árbol en el que haya pasado la noche,
su forma en el asiento de un coche,
una lápida de mármol que la nombre,
su perfume en el cuello de otro hombre,
una sirena que la haya cobijado,
un mensaje en una botElla,
un mensaje que haya naufragado,
algo de Ella,
un signo, uno, alguno, cualquiera,
aunque más no sea, sepultado.
Y de tanto silencio,
y tanto espacio,
vuelvo a ser nada.
Por que sin lugar que colonizar,
mejor izo las velas y quedo a la deriva.
Sin sazón, sin tiento.
Es muy probable que al despertar,
Ella haya regresado.
Y sea hora de abordar.