El dolor masticado sabe a tabaco viejo. Agrio, seco, perdurable. Mancha lo que toca. Si lo tiras ni bien lo recibes sólo puedes sentir su tamaño, forma, mientras lo dejas ir. Pero haz la prueba de masticarlo. Ponlo en la boca y dale como rumiante. Y para hacer honor a estos últimos, cada vez que puedas lo sacas y le das algunas nuevas mordidas. Claro, ten cuidado, el sabor ya no es a tabaco, sino a lo que se ha transformado. A ese bolo amorfo, procesado. El sabor es el recuerdo de la ultima mordida mas su descomposición posterior.
Si el dolor proviene o se alimenta del rencor, es más confuso aún. No lo distingues claramente, ni lo puedes despegar de quien te lo provoca. ¿Cargando contra él será posible eliminar la causa?. Quien sabe, no parece ser un método efectivo.
Hay que buscar cómo extender esto a la vida cotidiana como un motor. Explotar la creatividad para no ser presos de la rutina morbosa e intrascendente. Construir es el antídoto. Animarse a vivir en otra dimensión, mas humana, menos animal. Pensar es ser humano. Alimentar el pensamiento con valores es civilizado. Transmitir y compartir el pensamiento es comunitario. Legar eso a nuestras cercanías, nuestros hijos, compañeras e invitados de ruta es trascender en los otros. Seamos fértiles a los demás.
tomo distancia de ti
como un ave
se separa del fuego
y la soga tensa me recuerda
que en un momento
de mente clara
decidí atarme a tu vista
para ver mejor y
para evitar
tomar distancia de ti