Ir al contenido principal

Voy a tener que buscar a otra

Florisa toma mis ojos, me mira a las manos. Le indico que tomó el camino inverso.
Ahora Florisa toma mis manos, me mira a los ojos. Sus ojos transparentan la ausencia total de maldad. Entre otras ausencias.

Sus labios tiemblan levemente, y se filtra por ellos un suave vapor. Como el regulador de una olla a presión. Tanto por el vapor como por el olor a guiso.
Se que esta puede ser la última vez que la vea. Hay algo en ella que no soporto.
No da rodeos, no inventa caminos. Fija con gran esfuerzo su estrábica vista en mis ojos. Al menos en uno de ellos. Vuelve a intentarlo. Otra vez. Ahora sí.

Su boca se abre lentamente. Su dentadura no obedece. Queda pegada en el maxilar inferior. Cierra la boca con fuerza. Demasiada. Se lastima. La encía sangra. Suelto una mano y le alcanzo el pegamento. Ella, con su mano libre unta el pegamento en la boca. Vuelve a cerrarla, con menos fuerza. La dentadura se ubica casi en su lugar. Ahora sí abre la boca y la dentadura parece seguir el destino impuesto por sus músculos faciales.


No sin esfuerzo, dice:
- el infierno húmedo, el cancerbero quemante, topadora casi en llamas, destruye montañas, aplana valles, conquista y reconquista sitios, desvanece húmedas colonias, bolsiquea, remanga, alisa, entalla, acorta, discontinúa, pliega, hunde, apresta, reconstruye, maquina, y de a momentos vacilando, reposa, para arremeter una y otra vez dictatorialmente, hasta entender repatriado y cautivo el espacio asignado…
- el espacio asignado…
- eso
- ¿y la hora cuanto?
- no, es por prenda, señor
- ...
- el espacio asignado es la prenda
- gracias Florisa, pero creo que va a tener que dejar de venir
- que lástima
- me lo va a decir a mí
- bueno…
- bueno…
- a sus órdenes, señor
- taluego

Me duele. Pero no soporto que lea mis libros mientras plancha.

Entradas más populares de este blog

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...