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El bien común. Muy común.

- "Antes que nada, quiero agradecer a todos los que se involucraron en este proceso, a quienes coadyuvaron a volver esto una realidad, a quienes tomaron este proceso como propio y dieron hasta lo que no tenían para el logro de los objetivos de la compañía."
Lara no podía mantener la vista firme, directa. Sentía una compleja mezcla de nauseas y desazón, una compitiendo con la otra.
- "Y nada de esto hubiera sido posible sin la participación de todos y cada uno de ustedes, quienes desde el silencio de la cooperación diaria y manifiesta, aportaron su granito de arena para convertir esta organización en un lugar para quedarse, proyectándose y sintiéndose parte de la transformación."
Lo interior la descomponía, era muy intenso, la quemaba, la derrumbaba. Intentó ponerse de pié pero su peso la volvía inválida, la atornillaba al piso, la derretía irremediablemente.
- "No quisiera dejar pasar la oportunidad de reconocer a todos aquellos a quienes desde el silencio de sus lugares aportaron, cedieron, entregaron más de lo que tenían para lograr este objetivo superador, conjunto, que pone al grupo por encima de los individuos."

El Negro, sentado a su lado, percibió el estado de Lara y tomó su mano. En ese mismo instante comprendió que Lara se estaba descomponiendo. Literalmente. La mano de ella se sentía blanda, como ausente de huesos. Era muy extraño, pero su mano se volvía gelatinosa y fría. Como tomar entre los dedos un lemon pie.

- "Es inevitable recordar a quienes ya no están, aquellos que por decisión propia o necesidad del negocio nos acompañaron hasta donde dió su aliento, brindándonos lo más que estuvo a su alcance, siempre en pos del bien común."

Cuando el Negro miró a Lara, ella ya no estaba en toda su forma. Se derretía. Era un gran almendrado goteando por las patas de la silla, formando un charco blanquecino entre sus botas, hasta hace minutos ocupadas por sus delicados pies.

- "Los invito a que festejemos esto de manera genuina, orgullosa, transparente, tal como nuestros principios lo caracterizan. Para lo cual nos espera en el salón Dorado del Hotel Grand Marquis un imponente agasajo que permitirá liberar energías y realzar nuestro valor como comunidad, que es lo que nos distingue: las personas por delante de cualquier sistema. Nuestra gente, esa que no es una gota más en el océano."

Lara era un pequeño charco en la alfombra cuando la gente comenzó a pararse y esquivar la mancha húmeda.
- Mirá - dijo Carla - al Negro se le cayó el Cinzano. Siempre el mismo tarado.

El Negro se secó las manos mojadas en la gabardina azul petróleo del pantalón, y se sumó a la masa que salía rápido para llegar al hotel.

Los muchachos de la limpieza intentaban amuchar las sillas, cuando camino a la salida se acercó Antonio Tamuccelli, Presidente de la empresa y se detuvo frente al charco que contenía la esencia de Lara. Hacía minutos había terminado su sentida alocución.
- Carlitos, pasale un trapo rápido a esto que algún boludo tiró el cóctel. No aprenden más estos idiotas.
- Claro Señor, enseguida lo hago.

Carlitos apagó la luz de la sala de reuniones una hora más tarde.
 

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