Y cuando nos toque arriba que no parezca,
que nadie grite tanto como para despertar al vecino,
que el humo no nos haga lagrimear,
que el perfume a cardos no nos recuerde el desierto,
que seguro podemos y que seguro pudimos,
que nadie nos lo dice y que a nadie preguntamos,
que es tiempo de nuestro reloj,
que nuestro reloj está en nuestras muñecas,
que nuestras mueñecas están en nuestros abrazos,
y que nuestros abrazos son los mismos de antes,
pero hoy
creemos en ellos.
que nadie grite tanto como para despertar al vecino,
que el humo no nos haga lagrimear,
que el perfume a cardos no nos recuerde el desierto,
que seguro podemos y que seguro pudimos,
que nadie nos lo dice y que a nadie preguntamos,
que es tiempo de nuestro reloj,
que nuestro reloj está en nuestras muñecas,
que nuestras mueñecas están en nuestros abrazos,
y que nuestros abrazos son los mismos de antes,
pero hoy
creemos en ellos.