Podría
cambiar los peces santos
de mi leche bendita
Podría
rociar con fuego gélido
tu espíritu combustible
Podría
lamerme los labios de agua
cuando te besas al espejo
Podría
ser uno mas que se disuelve
cuando desapareces sin trazo
Podría
reclamarte cintura
cuando me abrazo al vapor de tu partida
Podría
manejar camino a tu cuello
cuando te sientas a esperar los fantasmas
(en mi espalda)
Pero nunca,
absolutamente nunca,
podría entregarme vencido
a la revolución
de tus ojos.