Ir al contenido principal

Dos indiferentes globos

(Mis ojos son sólo eso.
Dos circunferentes mudos
colgando apenas del cerebro.)


Tímidos en afuera
Reservados en adentro
Tienen mis ojos, amor, 
Un secreto que no entiendo


Un secreto que tu voz
les anda contando como un cuento
a mis ojos, los tan tuyos,
a los tuyos, mis intentos


Esa voz apenas dice
que ni tan cerca, ni tan lejos
hay un campo de amapolas
de rubíes y de inciensos


(Pero mis ojos son sólo eso.
Dos indiferentes bobos 
pendiendo apenas del cerebro.)


Y se empeñan, y se estiran
para entender lo suculento
de tu cuento, de tu abrazo
de la batalla del invierno.


Pero nada mis ojos, nada
de tu premio no se enteran
vacilan en abrirse enteros
como huevos, como peras.


El vino dulce tardío
no se compra con monedas
se obtiene con perlas de labios
o con labios llenos de perlas


Y ese vino es el que trae
tu obstinado cuento en tenue voz
que a palmadas me revela
no es de papel, es de amor.


Pero mis ojos son sólo eso.
Dos incapaces globos 
colgando apenas del cerebro.


(El cerebro es a quien olvido,
cada vez que te siento
y es cuando mis ojos, no son ojos,
son apenas, tu invento.)

Entradas más populares de este blog

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

El beso que duró dos días

Nota : Esta es una historia que nace en la Calle Billinghurst. 1er Acto: El teatro Fui al teatro de puro compromiso. Odio sacar entradas y luego no ir. No podía tirar la plata y además me sentía casi bien. Entré a cinco minutos de que empiece la función, fui a la fila 19 y ella se sentó al lado mío. Esas pestañas, esas manos, ese cuerpo. Atenta a todo. A todos. Me desafía la deconstrucción pero hay tetas que se sobreponen a eso. En ese momento recuerdo que no voy al baño desde antes de salir de la casa. Como siempre, me meo. Pero decido no ir, ya habrá tiempo. - Hola, ¿este programa es tuyo? - Le dije mientras levantaba el papel del piso donde figuraba mal impreso el elenco y el resto de la información. - Si, ¡gracias! Lo perdí... -Vi que se te cayó, por eso... - ¿Debería darte propina? - Soltó una sonrisa que me pegó una trompada de felicidad. Pero no supe ni siquiera cómo sonreír. Hace tiempo no sé ni por dónde empezar. El viejo modo de hablar con una mujer no me sale, el nuevo no lo...

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...