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Remaches a tus labios

Besos de luna,
besos de ausencia,
besos de noverte,
besos de bronca,
besos de a montones,
besos de incertidumbre,
besos esperanzados,
besos con remaches a tus labios,
besos contra remito,
besos sinfin,
besos interrumpidos,
besos entre malas palabras,
besos en las entrañas,
besos con café y cognac,
besos con cigarrillos viejos,
besos con perfume a lluvia,
besos con bordes carnosos,
besos con tristes derivaciones,
besos con ciertas pretensiones,
besos con caminos cortos,
besos rompehuesos,
besos fraternales,
besos en la mejilla,
besos en la orilla,
besos en el vientre,
besos de mañana, 
besos para guardar,
besos para cuando noesté,
besos de nolvidar.

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Irse

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Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...