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Imelda Tramp (Ladyskin) la Recuperadora

Guardaba una espada en su espalda. No alardeaba de ello, la cargaba bajopiel. Era preferible el silencio a los gritos de pavura, el sigilo a los truenos. 
Tenía estilo y un sombrero rojo. Vestía ropa interior de piel de su última víctima y anteojos hechos con los restos de la última copa en que había bebido.

No era una asesina por encargo ordinaria. No era común. Menos del montón. Era una sicaria de los Sinluz. Milenarios Sinluz transitaban dispersos en grupos individuales. Colectivos con aliento de uno solo. Camouflados y disimulados entre el resto de los caminantes. Sabían dónde ir. 

Se juntaban cada Lunes durante el pico máximo de la luna, bajo el puente de calle Artoin al norte. La luna babeaba sus cuellos y ellos levantaban los brazos clamando por el destino sagrado, usurpado generaciones atrás.

Imelda Tramp era su reina exterminadora. Unica, brillante. Híbrido entre un Sinluz y la última sobreviviente de los Silverios. La Elegida para encontrar el talle justo de piel que vistiese a cada Sinluz. Cuando hubiese cubierto a la centena que sobrevivían, el maleficio desataría el momento del regreso por lo que era de ellos. No era sangre, era piel.

Aunque sabemos que no son pocos los que viajan buscando piel en las noches de luna - cuando esta babea el pavimento - la puerta será únicamente asignada a ellos. Asi rezan los libros Manifestarios.

Imelda Tramp irá por ellos, no hay escape para el destino fatal. No hay piel que pueda evitarlo.

No quedará pellejo que permanezca en su dueño. Ellos aún no toman dimensión de que su piel no les pertenece. Es de los Sinluz. Es por su regreso. Es de Ladyskin.

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