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Ribera de los Sentidos

Las montañas no tienen nada que ver contigo
No cambias el rumbo de los caminantes
No apareces majestuosa entre las mesetas
No guardas historias de volcán extinguido
o pronto a parir lenguas de fuego

Los ríos no se asemejan a ti
No transportas gratuitamente navegantes débiles de mar
No facilitas el tránsito a los cardúmenes de desovadores
Nadie pasa horas en tu orilla intentando descifrar sonidos
o enajenar tu aroma

Las selvas nada tienen de tu figura
No eres inexpugnable
No regalas la muerte desprevenida tras la mímesis de los atentos
Nada tienes que entregar de tu vegetación
más es tu protección que tus bienes

No hay del aire algo que te contenga
No eres la liviana brisa que penetra rincones privados
No sacudes árboles en espera del cachetazo del retorno
No eres mezcla de componentes estériles
fértil te presentas

El fuego no conoce de tu existencia
No necesitas de mezclas para la combustión
No consumes lo que te alimenta
No transformas lo que a tus pies se rinde
o silencias al desprevenido bosque de vivientes

Las montañas no tienen nada que ver contigo
Los ríos no se asemejan a ti
Las selvas nada tienen de tu figura
No hay del aire algo que te contenga
El fuego no conoce de tu existencia

Cada huella que sientas te lleva cautiva
Tu aroma es el espesor donde residen los valientes
Tus hijos serán las naves de tus debilidades
Tu compañero será sólo eso (¡qué suficiencia marfil!)
La naturaleza de tu presencia es humana naturaleza


(Seguramente esto último, es tener sentido.)

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