El auto negro caminó lento hacia la salida, levantando polvo.
El auto negro caminó. Eso es lo profundamente estremecedor.
Por que bien podría el auto negro haber salido lento por el camino de polvo.
O aquello que demora el sujeto, lo empuja al fondo: por el camino de polvo, lento y hacia la salida, se levantaba el auto negro.
Mas aún, esconder el auto. No en sí mismo como objeto (no es fácil esconder un auto negro): lento por el camino de polvo, hacia la salida, iba él. O hacerlo enumerativo: el camino de polvo, la salida, el auto negro, lentamente. Claro, esto último ya se acerca a la plástica; lo descriptivo, inerte, ahí en la tela. Una simple enumeración, casi desinteresada. Con algo de crónica policial.
De cualquier manera lo preocupante es que el auto caminaba.
Y hacia la salida.
El auto negro.
Era mi auto.
No es tan relevante que llevara en él a mi esposa besándose con el vendedor de seguros. Después de todo siempre me cayó bien. El vendedor, en particular.
Pero el auto, caminando, cuando conmigo nunca siquiera dió dos pasos, es inquietante.
Independientemente del sujeto adelante o atrás.
El auto negro caminó. Eso es lo profundamente estremecedor.
Por que bien podría el auto negro haber salido lento por el camino de polvo.
O aquello que demora el sujeto, lo empuja al fondo: por el camino de polvo, lento y hacia la salida, se levantaba el auto negro.
Mas aún, esconder el auto. No en sí mismo como objeto (no es fácil esconder un auto negro): lento por el camino de polvo, hacia la salida, iba él. O hacerlo enumerativo: el camino de polvo, la salida, el auto negro, lentamente. Claro, esto último ya se acerca a la plástica; lo descriptivo, inerte, ahí en la tela. Una simple enumeración, casi desinteresada. Con algo de crónica policial.
De cualquier manera lo preocupante es que el auto caminaba.
Y hacia la salida.
El auto negro.
Era mi auto.
No es tan relevante que llevara en él a mi esposa besándose con el vendedor de seguros. Después de todo siempre me cayó bien. El vendedor, en particular.
Pero el auto, caminando, cuando conmigo nunca siquiera dió dos pasos, es inquietante.
Independientemente del sujeto adelante o atrás.