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Una mariposa ahogada en la glotis


Una cosa
Es un verso corto
Un elegante shot
El tiro de gracia
Un apretón de piernas
Una puntada en el vientre
Una mariposa ahogada en la glotis
Un hot-pant en la aorta
La nube de ácido en los ojos
Un beso de labios con senos
La promesa del nunca me iré con la maleta en la mano
Los vestigios del vaso donde bebiste los versos
Las insensibles puntas de la sábana durmiendo en el piso
Las letras temblando en los papeles
Los papeles temblando en las manos
Las manos temblando en el corazón
El corazón gritando a las noches
Las noches con la cola entre las patas
Las patas huyendo de la soledad
La soledad corriendo a tu casa
Tu casa siempre tan de "vuelvo en cinco"
Tus manos de "cerrado por vacaciones"
Tus ojos en "liquidación por cierre"
Y tu boca, si señor
Tu boca tan afecta
Al "hoy no se fía, mañana si"

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Irse

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Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...