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El destino berreta


Te invito, sin horario ni retorno, a:
Sacudirte de pequeños cuentos vagos
ubicarte a larga distancia de filósofos del rencor
subir al ring con perlas de recuerdos
reventar a puntapiés al destino berreta
ahorcar a la revolución de las horas pico
llenar el colchon de cuerpos saludables para el alma
desayunar con las manos en la masa
estudiar el diccionario de los sueños incumplidos
desdentar a los jinetes de caballos enanos
incendiar las camas solares encendidas
caminar entre hojas de cuchillos y papel
santificar el pantalón corto de la siesta del oeste
tomar de la mano a los que se dejan beber del ombligo
y escuchar el ombligo de los que leen mas de cuatro párrafos
desespinar las lágrimas de las rosas
calibrar terremotos de piernas vecinas
asilar al negro de las intenciones oscuras
romper tardes canoeras con noches trasatlánticas
patinar sobre la espalda de las princesas
besar mariposas que comen sapos que besan princesas
guisar rinocerontes con esperanzas
y, antes del entretiempo,
o, en el intervalo donde venden gnomos de bolsillo,
dar de comer a luciérnagas
de esas que salen de la boca
del país
que sueñas.

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Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...