Te invito, sin horario ni retorno, a:
Sacudirte de pequeños cuentos vagos
ubicarte a larga distancia de filósofos del rencor
subir al ring con perlas de recuerdos
reventar a puntapiés al destino
berreta
ahorcar a la revolución de las horas
pico
llenar el colchon de cuerpos saludables
para el alma
desayunar con las manos en la masa
estudiar el diccionario de los sueños
incumplidos
desdentar a los jinetes de caballos
enanos
incendiar las camas solares encendidas
caminar entre hojas de cuchillos y
papel
santificar el pantalón corto de la
siesta del oeste
tomar de la mano a los que se dejan
beber del ombligo
y escuchar el ombligo de los que leen
mas de cuatro párrafos
desespinar las lágrimas de las rosas
calibrar terremotos de piernas vecinas
asilar al negro de las intenciones
oscuras
romper tardes canoeras con noches trasatlánticas
patinar sobre la espalda de las
princesas
besar mariposas que comen sapos que
besan princesas
guisar rinocerontes con esperanzas
y, antes del entretiempo,
o, en el intervalo donde venden gnomos de bolsillo,
dar de comer a luciérnagas
de esas que salen de la boca
del país
que sueñas.