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Elo


La amenaza de otoño
tiene,
en las vísperas
de su abrazo
siestero,
música de violines
o cantos de sirena
y sueños de gigantes
dormidos, flojos,
con la mejilla sobre el pasto
verdeamarillonaranja.

El otoño 
trae a menudo
novias desahuciadas,
llantos de escarabajos
sin la libertad de Kafka
reflejos entumecidos,
alguna boleta de luz
de los ojos de la niña
atrasada por meses
y muchas, muchas,
desesperadamente muchas,
hojas
crujientes para hacer el amor,
sobre ellas.

Lo que el otoño
no trae
es sangre para dar en /
sangre para pedir cuando / 
sangre para brindar si /
la despedida
de un verano
cobarde
entre las agujas
de tejer del tiempo
es sin serpentinas
ni cristales
ni vino fresco
ni siquiera
un mínimo hola-adiós
de textura
carne
entre los dientes.


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