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El peso de tu lengua

Con el tiempo
o por él,
quizás a través
de él,
se revelan partes
de uno,
acusando maltratos
múltiples,
o mal uso.
En ambos casos,
imperceptibles o evidentes.

Bien buscados,
esos espacios
raídos, desgastados,
de caprichosas formas,
dicen cosas que las palabras
no imaginan,
ni, siquiera,
balbucean.

Arqueología
de las partes,
de las huellas,
de antiguas batallas
omnipresentes,
poderosas,
con náufragos e hilos en los dedos.

Un reloj gastado,
un par de nudillos con denuncias,
talones chatos,
las rodillas en penumbras.
Las cáscaras de caminar
en el pasto húmedo
entre nueces secas.

Perros mordiendo
pantalones infinitos,
babeando
cadenas de bicicletas,
raudas, viejas, negras y rojas.
Huyendo entre nubes
y manotazos,
entre niños y pelotas,
sobrevolando
huecos con duendes.

Nada dice tanto,
a los gritos,
como la oscuridad
en las manos
y el peso
de tu lengua.

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