Ir al contenido principal

Los santos no entienden

Debería
estar escribiendo
sobre las guerras
y los mares calientes
el canal de Suez
lo Rojo del mar rojo
o lo salado de Mar Chiquita
trascendentes lodazales
donde se ahoga

el temor.

Debería
reflexionar
sobre las dudas
y los años
y las púas
del estaño y los codos
los vasos de colores
o sus interiores
y las anormalidades
que de ellos brotan
entre antojos
mal comidos
no se duerme
sin dudar.

Debería
andar corriendo
por los parques y los bordes
rechinando
los alvéolos y las branquias
de pez maduro
que se mueve
entre el polvo
y a pesar
del agua en gotas
siembra sueños
donde la tierra
se abre en frutos
y pisan botas.

Debería tomar
en serio
la luna y los astronautas
la lavanda y el jazmín
los incendios de madrugada
y el café de filtro
de las mañanas
la mirada de los perros
y el vino nuevo
pero no es serio tomar en serio
la normalidad
que brota
de los colectivos
y sus escapes
llenos de sueños
de señoras.

Debería
dejar correr
la sangre en el río
y saber que eres
la mujer
que vistes y cantas
desde la rodilla hasta el altar
sin náufragos de barba
ni princesas de atar
o carruajes de calabaza
con perfume a moral
sólo eres un corazón
y la sangre es un bien
por descubrir
en quienes tiene corazón
y quieren querer.

Debería
utilizar la matemática
mas que menos
en las noches
con probabilidades
escasas
de que caigan cuatro versos
cuatro
uno que el otro un poco mejor
y dejar que la lógica
ahorque
los intentos del fervor
o que el sueño
le indique a las manos
que no es propio
que ahora
no.

(Debería
forrar con telas
lo que no entienden
los santos
aún cuando
les encienden
velas)

Entradas más populares de este blog

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

El beso que duró dos días

Nota : Esta es una historia que nace en la Calle Billinghurst. 1er Acto: El teatro Fui al teatro de puro compromiso. Odio sacar entradas y luego no ir. No podía tirar la plata y además me sentía casi bien. Entré a cinco minutos de que empiece la función, fui a la fila 19 y ella se sentó al lado mío. Esas pestañas, esas manos, ese cuerpo. Atenta a todo. A todos. Me desafía la deconstrucción pero hay tetas que se sobreponen a eso. En ese momento recuerdo que no voy al baño desde antes de salir de la casa. Como siempre, me meo. Pero decido no ir, ya habrá tiempo. - Hola, ¿este programa es tuyo? - Le dije mientras levantaba el papel del piso donde figuraba mal impreso el elenco y el resto de la información. - Si, ¡gracias! Lo perdí... -Vi que se te cayó, por eso... - ¿Debería darte propina? - Soltó una sonrisa que me pegó una trompada de felicidad. Pero no supe ni siquiera cómo sonreír. Hace tiempo no sé ni por dónde empezar. El viejo modo de hablar con una mujer no me sale, el nuevo no lo...

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...