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No, justo ahora tus alas no

Zapatea una fogata
en las uñas del gigante
herido
y el gigante
canta una tonada
húmeda, almibarada
gritando por piedad
saltando desde el piso cincuenta
desplegando unas olvidadas alas
viejas, escamadas
llenas del polvo que nunca se quitó
"y justo ahora las necesito, y justo ahora este polvo"
y justo ahora se te ocurre usarlas
en el laberinto de la caída
en el silencio de la derrota
con el grito ahogado de hasta luego
hasta siempre
"los gigantes nunca mueren"
repite en voz baja el enano del oído derecho
y recuerdas que
y te aligeras con que
las mañanas frescas no se agrietan
no se olvidan
no fabrican abrazos dulces
por que
morir en una mañana fresca es más digno
que salir en la tapa del diario
que tener lápidas con frases sobresalientes
que el mejor de los discursos póstumos
claro que, cuando te zapatean las fogatas
en las uñas
y herido
cantas y saltas
poco te queda por salvar
más que algunos cuadernos
viejos, ajados, como tus alas
las cenizas del último amor
y el tronco donde sentarse
a verte caer
como un bloque
de sensatez
en la escarcha, suave y dormida
del olvido.

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