Salir a cortar
las flores que se secan,
chatas, olvidadas,
entre los días,
amoratadas
entre los días,
aplastadas por el amargo morder de las horas,
aplastadas pero antes heridas,
por el imperceptible caminar
de la indiferencia,
por los dientes, o
por el sucio borde de la espalda.
Es que hay espaldas que matan, que mueren, que duelen,
que insisten en no volverse
sobre sí mismas
a mirar las hojas viejas
o esas flores que se secan
chatas, olvidadas,
entre los días,
amoratadas.
Y las espaldas son hojas
al fin
que se escriben
que se guardan
que se prohíben
que se niegan
que se cortan.
Salir a cortar
las flores que se secan,
no es andar de revoluciones;
es correr despavorido
por que el olvido te come los sueños;
como cuando dices "tenía sueños, pero los olvidé"
lo que no es igual a decir: "tengo sueño, voy a olvidarte"
siendo esto lo más parecido a: "esta es mi espalda, y hoy no existes".
Voy a salir a cortar
las flores que se secan,
y voy a enterrar mi espalda.
Para no dársela
de regalo
sin pelear
al olvido.
las flores que se secan,
chatas, olvidadas,
entre los días,
amoratadas
entre los días,
aplastadas por el amargo morder de las horas,
aplastadas pero antes heridas,
por el imperceptible caminar
de la indiferencia,
por los dientes, o
por el sucio borde de la espalda.
Es que hay espaldas que matan, que mueren, que duelen,
que insisten en no volverse
sobre sí mismas
a mirar las hojas viejas
o esas flores que se secan
chatas, olvidadas,
entre los días,
amoratadas.
Y las espaldas son hojas
al fin
que se escriben
que se guardan
que se prohíben
que se niegan
que se cortan.
Salir a cortar
las flores que se secan,
no es andar de revoluciones;
es correr despavorido
por que el olvido te come los sueños;
como cuando dices "tenía sueños, pero los olvidé"
lo que no es igual a decir: "tengo sueño, voy a olvidarte"
siendo esto lo más parecido a: "esta es mi espalda, y hoy no existes".
Voy a salir a cortar
las flores que se secan,
y voy a enterrar mi espalda.
Para no dársela
de regalo
sin pelear
al olvido.