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El final y los santos

El final
tiene colgado un mono
de los bordes
que ríe y llora al mismo tiempo
mientras la lluvia y su lengua
áspera de lamer Bukowski
sangra en gotas de rocío
gordas y somnolientas
como uvas desoladas
en el desierto
del abandono


El final
se parece a tus palabras
de ahora no importas
o me gana el sueño
o no te entiendo
porque las viejas
y los incendios
y las catedrales de Roma
o la capilla de Sayulita
son espacios donde los santos
se congregan a cantar
arias de recuperación
o canciones póstumas
del amor que no nos dimos
cada primer viernes de mes


El final
es tan negro, tan
que le temen hasta los santos
mas prudentes
y lo bañan los ascetas más valientes
con arena y barro
del mar del abandono
ese donde los amantes suelen
dejarse ahogar
para evitar ser devueltos por la marea
cuando el oleaje
tiende a descubrir los asesinatos
impunes
del desamor


El final
es tan simple
sin palabras ni poesía
ni perfume a calas
o jarilla y lavanda
que un día ocurre
y los que ansiaban que ocurriera
y que no ocurriese
lloran y lloran y lloran
enterrando
al tenedor de los sueños
que tomaban de la mano
otrora
y estrangularon por las simples ansias
de esperar
un príncipe
infalible
cobarde
todopoderoso
sanador.


 

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