- Lo que deberíamos hacer es no exigirnos tanta presencia, permanente
Carla miraba el piso. Quería llorar, pero no entendía claramente desde dónde nacía esa humedad. Cuál era el epicentro.
- Entendeme Carla, es por los dos. Probemos. No nos ahoguemos tanto. Yo también quiero verte casi todo el tiempo.
El "casi" era poco más que una declaración de desamor en este momento. Es que Carla, quería verlo todo el tiempo. No había momentos de casi. Eran momentos de todo. Todo el tiempo.
- En serio, no lo tomes mal. Esto es como la oferta y la demanda. Nada escapa a las leyes esenciales de los últimos 200 años. Si nos mostramos entre nosotros de oferta todo el tiempo, no nos da ganas de consumirnos.
Carla masticaba una bronca inexplicable. ¿Cómo podía este hijo de puta entender la relación bajo las leyes de la economía moderna post-muro de Berlín?
- Mirá Negro, - intentó - entiendo todo.
- No, no entendés. Por el tono no entendés.
- Ahora sos intérprete de tonos.
- No seas cínica, estas enojada.
- No, no es enojo. Pero vamos a hacer algo mejor....
- ¿Qué?
- Voy a empezar a salir con alguien más, en función de lo que me decís. Para completar ausencias, no?
- ....
- Si Negro, no es tan difícil. En esto de la oferta y la demanda, posiblemente, llenar mi tiempo con más gente que me haga sentir importante es parte de mi solicitud de servicio. Quizás es un tema de tener más personas compitiendo por la misma oferta.
- Mirá que sos pelotuda importante, ¿eh?
- Sólo aporté una mirada de tus leyes, quizás distinta.
- Yo no quiero que estés con otros, sólo quiero que hagas tu vida, sin depender de tomarme la temperatura a cada rato.
- Boludo, nuestra relación, hoy, es como un bebé. Está en la incubadora. Paso a cada miserable rato a ver cómo está. No es una devoción por "ahogar al señor ocupado". Es por que en esta instancia la entiendo así.
- Pura mierda. Las relaciones no son niños. Somos dos personas distintas, y si vos crees que preguntarnos todo el tiempo si estamos atentos del otro es una manera de estar juntos...
- Si.
- Yo creo que no, que es una manera de molestarnos. De interrumpirnos.
- ¡Pero Negro!, si vos mismo decís todo el tiempo que tu vida es la constante atención de interrupciones. ¿Que mierda es lo distinto que no te hace considerarme una interrupción saludable en tu vida?
- Que no sos eso. Sos una mujer, y de la que estoy enamorado.
- ¿Ah si? ¿Y cómo mierda me entero? ¿Qué es lo distinto?
- Que lo reconozco y te lo digo.
- No me vengas con el pelotudeo normal de cualquier relación. Vos no sos "un hombre del que estoy enamorada". Vos sos El Negro. No tengo dos así. Ocupas mi cabeza el 99% del tiempo. Cuando como, cuando laburo, cuando cago, cuando cuando. Quizás es así por que recién empezamos, pero es así. Y no me lo pienso guardar "por las dudas de que al señor le moleste". Usalo, aprovechate, quereme. Pero no me empujes a ser otra yo.
- Pero te olvidas de que puedo yo no ser así, como vos. Y eso no me quita mérito, ni explica que mi forma de amar sea menos valiosa que la tuya.
- No me jodas Negro. ¿Te sentís "ahogado" por mis constantes mensajes?
- Si loca. Así es. No me preguntes a cada rato si te amo. Te amo y listo.
- "Te amo y listo". No pelotudo. No es así. No hay "y listo" en esto de amar. Por que cada día es una historia que se escribe desde cero.
- Uhhh, esa teoría de que todo empieza cada día.
- Si flaco, ¿o te pensás que esto es un depósito en el banco? Las relaciones no generan interés. No las podés tener guardadas en una caja y pensar que no se consumen.
- No dije eso, pero tampoco puedo salir con miedo a perderla cada mañana.
- ¿Por qué no? ¿Quien mierda te dijo que me tenés ganada?
- No dije eso, de nuevo. Digo que no puede ser esto la psicosis del abandono.
- Sería importante que entiendas que necesito alimento a diario. ¿Por qué para otras cosas parece tan natural, y para ésto no?. Le das de comer todos los días al miserable perro ese, le dedicas tiempo, caricias, alimento. ¿Que te hace pensar que ésta relación no lo necesita?
- Que no sos un perro, ni debo darte alimento. Tenés raciocinio, y podés entender y usar la razón además de la concha.
- Sos una bestia. Estoy segura de que vos pensás de que si te busco es porque quiero coger. Andá a cagar. Para mí el sexo es un medio para llegar a tus emociones, tu amor final. Ese que no me ve como unas tetas y un culo. No te voy a negar que me calienta tu visión física e instintiva de mi misma. Pero no voy por eso, porque de eso me sobraría. Cuando yo te elijo es para trascender en vos.
- ¿Qué te hace pensar de que yo no?
- Que me hacés planteos tan pelotudos como éste.
- ¿Pelotudo es aclararte que si no te contesto no dejo de amarte?
- Perdón, ¿Es tan pelotudo pedirte que no me olvides cada dos horas? Sé que suena a poesía barata, pero... ¿Es un pedido tan idiota? ¿No podés entenderlo como algo casi fisiológico de una mujer ahora, en este momento?
- Es que no sólo importa TU fisiología. También está la mía.
- Claro, me olvidaba. Todo aquello que te saque de tu rutina, tu guión, es ajeno a vos. No podés hacerte cargo de eso.
Carla tomó su abrigo, pasó su brazo derecho por la cartera. Extendió el chal de alpaca en sus hombros. Sacó un pañuelo de papel y sopló fuerte su nariz cargada de agua.
Cuando atravesaba la puerta soltó, como sin querer:
- voy a dejar que me busques, si es que para vos buscarme significa seguir.
- voy a buscarte cuando entienda que nos va a hacer bien, pero no por presión.
Carla, siete años mas tarde, tuvo dos hijos con Raúl, el otro "Negro". Otro corazón.
El Negro original nunca pudo procesar que Carla no lo buscara más. Que no volviera a él. "Si ella se va, ella va a volver. Yo nunca le dije que no la quería".
El Negro entendía el amor de una manera particular. Carla también.
Carla ya no necesitaba mensajes a diario. Hacía el amor más de lo que escribía.
Y ya no importaba tanto si perdía a alguien.
Importaba no tener miedo a ser ella. Única.
Enteramente ella.
Carla miraba el piso. Quería llorar, pero no entendía claramente desde dónde nacía esa humedad. Cuál era el epicentro.
- Entendeme Carla, es por los dos. Probemos. No nos ahoguemos tanto. Yo también quiero verte casi todo el tiempo.
El "casi" era poco más que una declaración de desamor en este momento. Es que Carla, quería verlo todo el tiempo. No había momentos de casi. Eran momentos de todo. Todo el tiempo.
- En serio, no lo tomes mal. Esto es como la oferta y la demanda. Nada escapa a las leyes esenciales de los últimos 200 años. Si nos mostramos entre nosotros de oferta todo el tiempo, no nos da ganas de consumirnos.
Carla masticaba una bronca inexplicable. ¿Cómo podía este hijo de puta entender la relación bajo las leyes de la economía moderna post-muro de Berlín?
- Mirá Negro, - intentó - entiendo todo.
- No, no entendés. Por el tono no entendés.
- Ahora sos intérprete de tonos.
- No seas cínica, estas enojada.
- No, no es enojo. Pero vamos a hacer algo mejor....
- ¿Qué?
- Voy a empezar a salir con alguien más, en función de lo que me decís. Para completar ausencias, no?
- ....
- Si Negro, no es tan difícil. En esto de la oferta y la demanda, posiblemente, llenar mi tiempo con más gente que me haga sentir importante es parte de mi solicitud de servicio. Quizás es un tema de tener más personas compitiendo por la misma oferta.
- Mirá que sos pelotuda importante, ¿eh?
- Sólo aporté una mirada de tus leyes, quizás distinta.
- Yo no quiero que estés con otros, sólo quiero que hagas tu vida, sin depender de tomarme la temperatura a cada rato.
- Boludo, nuestra relación, hoy, es como un bebé. Está en la incubadora. Paso a cada miserable rato a ver cómo está. No es una devoción por "ahogar al señor ocupado". Es por que en esta instancia la entiendo así.
- Pura mierda. Las relaciones no son niños. Somos dos personas distintas, y si vos crees que preguntarnos todo el tiempo si estamos atentos del otro es una manera de estar juntos...
- Si.
- Yo creo que no, que es una manera de molestarnos. De interrumpirnos.
- ¡Pero Negro!, si vos mismo decís todo el tiempo que tu vida es la constante atención de interrupciones. ¿Que mierda es lo distinto que no te hace considerarme una interrupción saludable en tu vida?
- Que no sos eso. Sos una mujer, y de la que estoy enamorado.
- ¿Ah si? ¿Y cómo mierda me entero? ¿Qué es lo distinto?
- Que lo reconozco y te lo digo.
- No me vengas con el pelotudeo normal de cualquier relación. Vos no sos "un hombre del que estoy enamorada". Vos sos El Negro. No tengo dos así. Ocupas mi cabeza el 99% del tiempo. Cuando como, cuando laburo, cuando cago, cuando cuando. Quizás es así por que recién empezamos, pero es así. Y no me lo pienso guardar "por las dudas de que al señor le moleste". Usalo, aprovechate, quereme. Pero no me empujes a ser otra yo.
- Pero te olvidas de que puedo yo no ser así, como vos. Y eso no me quita mérito, ni explica que mi forma de amar sea menos valiosa que la tuya.
- No me jodas Negro. ¿Te sentís "ahogado" por mis constantes mensajes?
- Si loca. Así es. No me preguntes a cada rato si te amo. Te amo y listo.
- "Te amo y listo". No pelotudo. No es así. No hay "y listo" en esto de amar. Por que cada día es una historia que se escribe desde cero.
- Uhhh, esa teoría de que todo empieza cada día.
- Si flaco, ¿o te pensás que esto es un depósito en el banco? Las relaciones no generan interés. No las podés tener guardadas en una caja y pensar que no se consumen.
- No dije eso, pero tampoco puedo salir con miedo a perderla cada mañana.
- ¿Por qué no? ¿Quien mierda te dijo que me tenés ganada?
- No dije eso, de nuevo. Digo que no puede ser esto la psicosis del abandono.
- Sería importante que entiendas que necesito alimento a diario. ¿Por qué para otras cosas parece tan natural, y para ésto no?. Le das de comer todos los días al miserable perro ese, le dedicas tiempo, caricias, alimento. ¿Que te hace pensar que ésta relación no lo necesita?
- Que no sos un perro, ni debo darte alimento. Tenés raciocinio, y podés entender y usar la razón además de la concha.
- Sos una bestia. Estoy segura de que vos pensás de que si te busco es porque quiero coger. Andá a cagar. Para mí el sexo es un medio para llegar a tus emociones, tu amor final. Ese que no me ve como unas tetas y un culo. No te voy a negar que me calienta tu visión física e instintiva de mi misma. Pero no voy por eso, porque de eso me sobraría. Cuando yo te elijo es para trascender en vos.
- ¿Qué te hace pensar de que yo no?
- Que me hacés planteos tan pelotudos como éste.
- ¿Pelotudo es aclararte que si no te contesto no dejo de amarte?
- Perdón, ¿Es tan pelotudo pedirte que no me olvides cada dos horas? Sé que suena a poesía barata, pero... ¿Es un pedido tan idiota? ¿No podés entenderlo como algo casi fisiológico de una mujer ahora, en este momento?
- Es que no sólo importa TU fisiología. También está la mía.
- Claro, me olvidaba. Todo aquello que te saque de tu rutina, tu guión, es ajeno a vos. No podés hacerte cargo de eso.
Carla tomó su abrigo, pasó su brazo derecho por la cartera. Extendió el chal de alpaca en sus hombros. Sacó un pañuelo de papel y sopló fuerte su nariz cargada de agua.
Cuando atravesaba la puerta soltó, como sin querer:
- voy a dejar que me busques, si es que para vos buscarme significa seguir.
- voy a buscarte cuando entienda que nos va a hacer bien, pero no por presión.
Carla, siete años mas tarde, tuvo dos hijos con Raúl, el otro "Negro". Otro corazón.
El Negro original nunca pudo procesar que Carla no lo buscara más. Que no volviera a él. "Si ella se va, ella va a volver. Yo nunca le dije que no la quería".
El Negro entendía el amor de una manera particular. Carla también.
Carla ya no necesitaba mensajes a diario. Hacía el amor más de lo que escribía.
Y ya no importaba tanto si perdía a alguien.
Importaba no tener miedo a ser ella. Única.
Enteramente ella.