Pensé que lo mejor sería olvidar.
Olvidar los vientos de tus ojos.
Olvidar los insectos de tus sueños.
Olvidar a los que caminan en tus manos.
Olvidar el instante eterno que dura tu espalda.
Olvidar los labios rojos de tu memoria.
Olvidar el ombligo de los techos.
Olvidar que olvido y olvido.
Olvidar que no quiero olvidar.
Y que tus pies me transitan los viernes.
Mientras que tus manos, los lunes, temprano.
Ambos cantan
el eterno descender de tu espalda.
La razón indudable de tu ombligo.
Tus pechos vacíos de olvido.
Verás, mujer,
cada vez que quiero olvidar
entre tanto olvido que te olvido
termino entre tus pechos
y tu ombligo.
Olvidar los vientos de tus ojos.
Olvidar los insectos de tus sueños.
Olvidar a los que caminan en tus manos.
Olvidar el instante eterno que dura tu espalda.
Olvidar los labios rojos de tu memoria.
Olvidar el ombligo de los techos.
Olvidar que olvido y olvido.
Olvidar que no quiero olvidar.
Y que tus pies me transitan los viernes.
Mientras que tus manos, los lunes, temprano.
Ambos cantan
el eterno descender de tu espalda.
La razón indudable de tu ombligo.
Tus pechos vacíos de olvido.
Verás, mujer,
cada vez que quiero olvidar
entre tanto olvido que te olvido
termino entre tus pechos
y tu ombligo.