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Perro enfermo

¿Quien sube
al altar del único?
el preponderante
¿Quien se deja atravesar
por las agujas sucias y malolientes
de las orillas,
de los sinpaz?
¿Quien se otorga, a si mismo
el mérito del vagabundo
con derecho adquirido
sólo porque las calles y la lluvia
y el hedor de las alcantarillas?
¿Quien puede, de querer no más
volverse camino infranqueable
único y solvente
para mirar desde el altar
blando y soso
del sufrimiento adquirido
de vana retórica
e historias de abandono
y barro naranja
de esperar
entre los vidrios?

Poetas, decidores
cantantes y fotógrafos
de culo brillante
entre sillas de brutas maderas
tienen la ansiosa costumbre
de proclamarse reyes de la miseria
y el saber calloso
porque Bukowski
les habla
en la base del cuello
y ellos se erizan
antes de escupirle
la cara
para no escuchar.

La jactancia sórdida
del arrastrarse
entre alcoholes de virtud
madrugadas de aturdida discrepancia
con el sorteo de los valiosos
donde los recién llegados se iluminan
cuando beben el vino
de los viejos postrados
y estos últimos cantan loas
a los flecos de la sordera
de la amapola, de la verde hoja maquillada
como si de allí y por allí
floreciera la barriga
de la parturienta libertad.

Cansado de los cansados
que dan lecciones
de marginalidad
con zapatos de papel
ni siquiera elijo una alternativa
blanda
o leer sus historias de vaginas
gastadas
apenas recibo la leve ventisca
que emana de la boca
trémula
del enfermo que todos somos
desde el mismo principio de las horas
cuando la sangre
duda si darte andar.

Escribe más y habla menos
leve ser lastimado
por tus propias
ansias de sol,
es que truenan
y te asfixian las nubes
que has atado
a los tobillos
del perro
que sos
mientras publicas tu foto
de halcón.

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