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Débil

Soy más fuerte
mucho más
que aquel farol
y sus burbujas
bajo el rocío
de las siete
explotando, las gotas
como botas
en el río
y los viernes
que se quiebran
de dolor/

Soy atrevidamente
más fuerte
que algunas promesas
de cruzar el río
sin botas
o sin peces
aún sin promesas
de cruzar el río
y los viernes
que se cuecen
en el frío/

Soy decididamente
más fuerte
que las ruedas
triturando
el esmalte de las tardes
y sus gritos
de costumbre
por las dudas
esos gritos
del río
de frío
y los viernes
que simulan
un dolor
que no es mío
pero es
mi viernes
y soy más fuerte
y me duele
el río
sin tus botas
y me digo
soy más fuerte
que algunas
tribulaciones
o promesas
más fuerte
soy
aunque a menudo
olvido
la fuerza
en las branquias
de los peces
los tacos
de las botas
el rocío
de las siete
y los gritos
de la sorda
costumbre.

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Irse

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Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

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Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...