No tiene el alba
un bar
de opacos vidrios
donde los pilotos
perdidos
descansen
sus sueños de abismos
e inconfesables secretos
instintos
profanadores
de jóvenes
ilusiones
No tiene el alba
/y me consta/
un índice
de buenas costumbres
recostadas
en el lienzo
del olvido
con perfume
a no deberías
haber estado allí
Carece el alba
de cañones
estruendosos
contra los monstruos
de tu vuelta
resistida
llena de avenidas
atascadas
de pordioseros
con ojos tristes
Aunque no por eso
el alba
muere
o mata
cuando apareces
y te recuestas
a cantar canciones
de volver
con la frente
marchita
o henchida
o florida
/pero volver/
con mucho más que sólo la frente
que es lo que más me conmueve
y en particular
el tramo
de fuego
que va
desde la cintura
hasta el color
misterio y carne
del pié.