En el ejercicio de sanar
se esconden algunos monjes
perversos
que rompen los remos
en astillas inconexas
y las olvidan en el bolsillo
del enfermo.
Cuando la mano
se cierra en forma de puño
e intenta desaparecerlas
vuelven los cuerpos
invasores del dolor.
Sanar, como destino posible
no es más que una visión
poderosa
que el instinto
olvida en las camas
de los hospicios
entre los pacientes
configurando una gran traición:
no se puede sanar
en una cama.
No importa
quien acuestes
a tu lado.
se esconden algunos monjes
perversos
que rompen los remos
en astillas inconexas
y las olvidan en el bolsillo
del enfermo.
Cuando la mano
se cierra en forma de puño
e intenta desaparecerlas
vuelven los cuerpos
invasores del dolor.
Sanar, como destino posible
no es más que una visión
poderosa
que el instinto
olvida en las camas
de los hospicios
entre los pacientes
configurando una gran traición:
no se puede sanar
en una cama.
No importa
quien acuestes
a tu lado.