Como estás mujer, que hacés. Te vengo a proponer algo: basta de días de otros.
¿Sabés que? Tu día determinado por el mercado me hiere. Por el contrario, me acerca a vos el día conmemorativo en que decidiste romper cadenas: "El 8 de marzo de 1857, las mujeres que trabajaban en la industria textil (llamadas "garment workers") de Nueva York, en los Estados Unidos, organizaron una protesta. Luchaban contra los salarios bajos y las inhumanas condiciones laborales. La policía cargó contra las manifestantes y las dispersó. Dos años más tarde, también en marzo, estas mujeres crearon su primer sindicato con el fin de protegerse y conseguir ciertos derechos laborales básicos."
También, y como un botón más de muestra: "El 8 de marzo de 1908, 15.000 mujeres se manifestaron por las calles de Nueva York para exigir un recorte del horario laboral, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil. El eslogan que eligieron fue "Pan y Rosas"; el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida. En mayo, el Partido Socialista de América señaló el último domingo de febrero como Día Nacional de la Mujer."
El día de la mujer tiene mucho que ver con el mundo occidental capitalista y su contraparte socialista: es decir, con todo el conflicto social. Ese fue el sistema que sistemáticamente disfrazó entre los derechos civiles y las democracias pedorras el avance de los derechos de la mujer. La cultura de cada lugar pone a las mujeres y a los hombres en lugares que mucho tienen que ver con sus coyunturas temporales, sus contextos, sus creencias. Es difícil juzgarlos con el tiempo pasado.
Cuando la importancia del agasajo a la mujer se mide en proporción al regalo que recibe, se la reduce a una fórmula meramente comparativa: eres lo que recibes, los saludos y los regalos. ¡Mentiras! De hecho, en la vacuidad de los saludos de redes sociales quedan muchas soledades enredadas, luego necesitadas de tratamientos psicológicos.
Mujer, si es que, acaso, necesitas un reconocimiento del hombre incompleto y débil para reafirmar tu condición de hembra tremenda y maravillosa, pues acá va: ¡sé mujer! No hay nada más que decir. No hay flores ni capas ni cenas que te igualen. Y no es necesario que eso lo sepas de nosotros, los hombres.
Somos únicos, somos pares. Somos constructores, somos iguales. Podemos amarnos, todos con todos. Somos creadores y mortales. Somos únicos y biológicamente necesarios.
Eso no modifica tu naturaleza, ni la nuestra.
Imaginate mujer, la declaración de tus derechos en el año 1791, en Francia, rezaba: "La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.” Muchos años después de hacerte creer menor, abrimos el lugar social para que digas que merecías el lugar de nosotros, los hombres. Tremendos hijos de puta, salvados por el contexto de la temporalidad histórica.
No quiero festejar tu día. Quiero festejar que sos mujer. Eso trasciende un día. Si querés, si te quita la angustia, si te hace sentir menos sola, andá a reventar la noche. Comé tortas, tomá helados, sonreí a carcajadas, emborrachate. Maldecí a todos los tipos que te amaron, a los que te dejaron y a los que te van a dejar. Maldecí a los que te hirieron. Actuá contra los que te abusaron. Hombres y mujeres.
Al fin de cuentas, somos lo mismo.
Momentos.
Nadie más que quienes nos aman verdaderamente se ocuparán de nosotros. No importa el género.
Mujer, hombre.
A veces, parece una mierda simple aquello de que “todos los días son el día de la mujer”. Es que también todos son “el día del hombre”. Es que, sin complicar mucho, el día "de nosotros" es el que falta.
El día de todos.
Pero todos somos muchos.
Y cuando el día es de muchos, es de nadie.
Basta de días de otros.
Vamos a darnos un abrazo, carajo.
Y que los comercios de ropa vendan ropa cuando sea necesario vestirse.
Y que las flores sean de la tierra.
Y los cuerpos sean para hacer el amor.
Vamos a darnos un abrazo, carajo.
Mujeres, sean mujeres.
Que los días vienen solos, fatal y felizmente.