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Hipnótico

Los cables recorren
Sucias superficies
Incompletas y redondas
Mientras
Las manos se quedan
En esferas de piel tibia
A la espera de un líquido
Que no siempre viene
Temprano /
Los perros de la calle
Aúllan como un canto
Único y ruidoso
Saltan los cables
Sucios, como las manos
Que montan esferas /
Las voces se alejan
De los perros que ahora
Corren ahogados por el humo
Negro / tibio
De las esferas de piel
Donde las manos
Duermen/ esperan
El líquido / temprano
Que no siempre viene
A lavar los recuerdos
A incendiar los restos
Incompletos y redondos
Hipnóticos / como las voces
De los perros / del amor
Que nunca sabe
(O se hace el que no)
Cómo quedarse
Por que amor es sinónimo
De no quedarse
Si nó/ no sería amor/
Como los perros
Que cuando pueden
Escapan
Saltando cables
Y nosotros tan acá
Y el líquido
Que no llega

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Irse

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Salvate

Salvarse no tiene valor ni es un destino preferible a la condena / como - hoy - no lo es el paraíso por sobre el infierno ni tus palabras ante tus silencios / Salvarse - a veces - es un somnífero que la condena va a reventar  con patadas de vigilia alternándose el mando entre ojos abiertos y sueños tormenta / acordando treguas y - por momentos - confundiéndose de manera tan blanda jugosa indigna entre ellos que los sueños  diluirán la vigilia y las tormentas anidarán  en el pecho  supurando en los huecos inertes del recuerdo una nueva substancia llamada indulgencia / tan cómoda y portátil como un rosario una biblia la mala memoria  o el miedo  a amar //

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Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...