Barbarita lloraba. No es que "a veces lloraba". Lloraba sieterporveinticuatro. Lloraba y lloraba como derretirse como gotear a mares como helado en el pavimento.
Un día, el martes pasado precisamente, lloró tanto en un momento que tuvo que cambiarse la ropa. Entera. Como caída a una pileta. Y no lloraba sólo con los ojos. Lloraba con el cuerpo. Los codos, por ejemplo. Lloraba con una rodilla y el tobillo opuesto.
Lloraba desde la frente y se le enjugaba el llanto en el labio superior, que brillaba. Barbarita tenía muy marcada la línea del labio superior, como dibujada. Bueno ahí, se hacía un remolino de tamaño importante. Algo podía llegar a tragar, pero lo volvía a llorar. ¿Viste el ciclo de la lluvia, los lagos y ríos, la evaporación y así así?
Bueno Barbarita era un ecosistema del llanto. El miércoles después del martes que te conté me acerqué a ella, con cierto temor a incomodarla y también a mojarme un poco, pero es mi amiga desde inclusive antes del llanto, y logré preguntarle en un momento cuando el sollozo amainó un poco: ¿estás bien? ¡No! ¡Para qué!
No puedo decir que empezó a llorar porque no ha parado los últimos 6 meses mas o menos, pero incrementó el caudal de una manera de no creer: lloraba por las mejillas, por la pera, por los pechos, vieras. Estaba entre llamar a los bomberos y a unos manteros que estaban en la esquina para que la envuelvan, pero viste que si se levantan los manteros pierden la venta, que se yo. Son difíciles. A los bomberos porque saben de agua, pero debería haber algo así como Llanteros Anónimos o algo parecido.
Aún no sabemos por qué llora. El jueves después del miércoles ese le acercamos un papel y una birome, pero se le deshizo todo. Viste como esa cancion de "mi historia entre tus dedos", bueno, así. No hay caso. A veces quiero abrazarla. Pero tengo miedo de llorar como ella. Con ella. El viernes después del jueves, voy a llamarle. Ojalá tenga el teléfono seco.