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Un puente de escape

Salté con las manos atadas. Por decisión propia. Tenía que dar con la cara en el piso según lo calculado. Los primeros dos segundos pensé en darme vuelta y que sea con la espalda. Pero no tenía sentido, me quedaban cuatro segundos de caída y no podía dudar en ese momento. Me acomodé. Disfruté como nunca el aire, la frescura, eso de saber que no había ya retorno. Levante la cabeza e intenté dejar la cara de frente al piso. Me ahogué, fuerte. Creí que ahí mismo terminaba. Tres segundos. Esa tarde con los pies en el agua, las manos en las rodillas. Los peces picando los tobillos. El río calmo. La sombra del sauce. Mamá y los bizcochitos de anís. La malla azul enteriza. Me tiró un poco el cuello, no sé por que hacía tanta fuerza. No necesitaba fuerza ni rigidez ahora. Era un papel. Una gelatina. Una escupida. Papá llevándome en el auto a jugar al hockey. La gorra de gabardina color gris. El pucho en la mano, sus Phillip caja de papel abiertos con las uñas en una orilla donde asomaban cuatro cigarros. Ninguna canción aparecía y eso me entristecía, me dictaba un cierto resentimiento para toda una vida con música alrededor. Y en ese momento nada. No había sido tan importante o no cabía nada más ahí. Me imaginé volando con un gabán color café, con el cuello levantado. En ese momento me desesperó no poder poner las manos como superman. Cuatro segundos, ya casi estaba. No había fotos ni perfumes ni palabras. Era un fracaso desde el punto de vista poético, una escenografía demasiado despojada para tremendo compromiso con las formas de terminar. Apenas apareció una ráfaga lumínica de un baile del año ochentaysiete en el galpón de los Sánchez, con una canción de dekiure que decía why can't I be you un poco frenética y exasperada. ¿Era un puente de escape? ¿Ser otro, justo en ese momento? Negativa la maniobra, diría un amigo. Ya había olor a tierra. ¿Probaste tierra alguna vez? Es como la harina tostada, sin azucar. Como semolín viejo. Ahí estaba, el suelo. Stop. Flotación final. Cambio de escena. El plano gira en círculos. Se detiene. Mi nariz a un milímetro del apagado. ¿Me dejo? Suelto. Cierro los ojos.

- ¡Etchenique! Su turno. Lo espera la mesa de exámen, vamos que no hay mucho tiempo. ¿Alguien más que esté por Algebra II? Vamos pasando por favor.
Abro un ojo, apenas. Voy a tener que rendir.

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