Ir al contenido principal

Sun Day

 Es casi un vicio

esperar la noche
saberte ajena
pensarte con otros
volverte a traer
intentar quemarte en los papeles
y volver
morderte como carne fresca
expulsarte de mi paraiso
de musas
romper tus cuadros
de pasto y cenizas
que llevo adheridos a los huesos
lamer las aristas
que te conectan con mi futuro
y patearte y volver e intentar
razonar
cómo carajos es que me enamoré
tan perdidamente de usted
o de vos
de todas vos / la mía
la que rie lejanamente sin mi
la que no me pertenece y me pertenece
la que voy a dejar de amar para amar
a quienquiera que sea un poco más de mar
de viento / de piernas / de proximidad
de hongos húmedos en mis gordas
ansias de vos / de usted
tanto me pierden sus ojos / tras ojos
que me declaro en una misión interestelar
llena de sus pechos / sus botones impasibles
que tanto me pierden
y del futuro ni una gota / ni un animarse
y se viene Costa Rica / y sólo se que me asfixia dejarte
y quiero dejarte / merezco tener mi suelo asoleado
pero te merezco sobre todas las cosas a vos
a tus labios de fiera y de arroz
a tus primeros te quiero que se te caen
sin querer o queriendo o sonriendo o llorando
como idiota / como enamorada / como yo
lloro cuando no te veo / o te encuentro
distinta de todas / vos
la mía / la que espero encontrar
a mano / a vientre / a nalgas
la que veo cuando no miro
la que encuentro / ya / a esta altura
en mí mismo
como un botón
de la camisa / que visto cada día
cuando me arropo de vos
de usted
para salir a la calle
a decir: le espero
le sigo esperando
le soy.

Entradas más populares de este blog

El beso que duró dos días

Nota : Esta es una historia que nace en la Calle Billinghurst. 1er Acto: El teatro Fui al teatro de puro compromiso. Odio sacar entradas y luego no ir. No podía tirar la plata y además me sentía casi bien. Entré a cinco minutos de que empiece la función, fui a la fila 19 y ella se sentó al lado mío. Esas pestañas, esas manos, ese cuerpo. Atenta a todo. A todos. Me desafía la deconstrucción pero hay tetas que se sobreponen a eso. En ese momento recuerdo que no voy al baño desde antes de salir de la casa. Como siempre, me meo. Pero decido no ir, ya habrá tiempo. - Hola, ¿este programa es tuyo? - Le dije mientras levantaba el papel del piso donde figuraba mal impreso el elenco y el resto de la información. - Si, ¡gracias! Lo perdí... -Vi que se te cayó, por eso... - ¿Debería darte propina? - Soltó una sonrisa que me pegó una trompada de felicidad. Pero no supe ni siquiera cómo sonreír. Hace tiempo no sé ni por dónde empezar. El viejo modo de hablar con una mujer no me sale, el nuevo no lo...

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...