Ir al contenido principal

Hongos y un sábado

Traerte / como trufas de Inglaterra
u hongos de Finlandia o
en avión prestado
guijarros de marte / o a la vuelta de venus
que está la guijarrería "Ducados"
así de fácil /
o mejor irnos a la luna
una siesta o un sábado a la mañana
dos astronautas o tres / por las dudas
llevemos
pastillas para dormir / y /
un par de cervezas para cuando nos sentemos
en el lado oscuro /
un hilo blanco y aguja por si las piedras
y los trajes - son medio chafas
los pidieron en Shein y también
un sifón de soda / por si el agua
dos sillitas plegables
el libro del Gabo / nunca lo terminamos juntos
tenemos trabajo que hacer ahí
dos condones / que sean nuevos / esos otros hace años que no los usamos
al menos por la conciencia
una libretita en blanco y dos bic
negra una y otra / azul
Entonces ahí / un saltito a la tierra lunar
es curioso pero se llama tierra a la tierra en la tierra
y en la luna debería llamarse luna a la luna
así tu mamá te gritaba "no te vayas a llenar de luna que no pienso lavarte ese vestidito"
pero vos ahí / sin tu mamá / y con ese vestidito
todo alunado toda desterrada
y yo sentado enfrente tuyo / con las trufas de Inglaterra
y los hongos de Finlandia en una bolsita de gomitas de menta
te voy a tomar las manos
con las manos
cuatro manos / el astronauta-driver se queda en la butaca del conductor
te voy a mirar con los ojos / a los ojos
cuatro ojos
y vas a escuchar las palabras menos dichas
en la luna
un sábado a la mañana / o una siesta
que todas juntas suenan a
"estábuenoquedarseacáno?" / pero no es el acá
de la geografía de la luna
es un acá mucho más serio y comprometido
es el acá de nosotros / ¿de nosotros?
sí.
Y bueno.
Así es la luna / cuando la mezclas con trufas
hongos y un sábado /
y también un poco
nosotros / así somos nosotros.
Cuando nos mezclamos.
Somos el acá.

Entradas más populares de este blog

Irse

Partir la fruta Rasgar el velo Cortar la pierna Meter el dedo Enfriar las nalgas y nafta al fuego Piedras en la cancha Piñas en el juego Poros ahogados Lunas sin vuelos Aviones y agujeros Niños camuflados Vidas sin tinteros Camas con helados Osos en incendios Veneno mal servido Espera o silencio Quiebran caminitos Bondis con tormentos Lluvia ensangrentada Pasos sin acierto Sillas enyesadas Al lado de un no-teléfono Manos enraizadas a biromes rompevientos Lengua seca Lengua muerta Ahogo de tu aliento Manos aceitadas Manos sin los huesos Miércoles malditos Viernes de intento Nadies que te invitan Álguienes con sus cuerpos Lejos se cocinan Cuentos muy bien cuentos Espero que te espero Espero porque es cierto Que te quiero / te muero / te enpielo te entinto / te enjugo me muestro / contigo me cuezo / adentro

El beso que duró dos días

Nota : Esta es una historia que nace en la Calle Billinghurst. 1er Acto: El teatro Fui al teatro de puro compromiso. Odio sacar entradas y luego no ir. No podía tirar la plata y además me sentía casi bien. Entré a cinco minutos de que empiece la función, fui a la fila 19 y ella se sentó al lado mío. Esas pestañas, esas manos, ese cuerpo. Atenta a todo. A todos. Me desafía la deconstrucción pero hay tetas que se sobreponen a eso. En ese momento recuerdo que no voy al baño desde antes de salir de la casa. Como siempre, me meo. Pero decido no ir, ya habrá tiempo. - Hola, ¿este programa es tuyo? - Le dije mientras levantaba el papel del piso donde figuraba mal impreso el elenco y el resto de la información. - Si, ¡gracias! Lo perdí... -Vi que se te cayó, por eso... - ¿Debería darte propina? - Soltó una sonrisa que me pegó una trompada de felicidad. Pero no supe ni siquiera cómo sonreír. Hace tiempo no sé ni por dónde empezar. El viejo modo de hablar con una mujer no me sale, el nuevo no lo...

Las tetas y la siesta

Hay una cierta inocencia en el andar de a pié en la siesta, bajo los paraísos. Existe una baba de olvido inherente a los pasos, el silencio de los espacios inhabitados que propone el horario. La compañía templada de nadie a los costados, la soledad fresca de la inseguridad, asociada al vacío de cuerpos reptando en los márgenes menores del otoño. Hay una absoluta importancia de los Nadies que se unen al trámite del camino. Nadies que configuran el paseo, Nadies que se paran, firmes en cada esquina, para insistir con la hora, el destino, el que será. Eso sí, los Nadies sólo habitan el pasado. El pasado inmediato, nuevo, inodoro. En general, el pasado huele. Huele a flores de perfumes antiguamente de moda. A telas de vestidos arrancados a manotazos. A aliento de rechazos. Huele a bofetadas de mañanas reventadas contra el asfalto de una borrachera injustificada, y a decenas de borracheras con cartel de "completo", como los hoteles con parejas que se aprietan los dedos de los pie...